sábado, 4 de diciembre de 2010

A república.

   Otra vez, la misma calle, el mismo lugar, el mismo recorrido, el mismo caballero en la esquina vendiendo ese rico mote con huesillo que me sonríe como siempre, y yo (como siempre) le muestro mis dientes estéticamente. Escucho en la radio del colectivo, de siempre, 30ºC hoy y mis pies llenos de heridas ya lo habían sentido, en esta misma hora, en este mismo lugar, el de siempre. Pero, a diferencia de otros días, hoy me enfrié como nunca antes, hoy soy iceberg ante la gente. Miro las murallas y sus rayones revolucionarios y me contengo de gritar como mierda hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez, y veo a la gente estúpida también, como va tan preocupada por auto viejo, por el nuevo, su tele, de su radio, de su ropa, de lo que salio en el canal de música, que dijo el cantante, que no le respondió su novia, de la vida de hollywood y de los personajes criollos nacionales, de la vida narcisista y aburrida que mantienen. Que mierda de mundo. Voy cargada, voy enojada con todos los ojos humanos que me miran y no, y solo por eso, por mirar, por mirar y no mirar y no sonreír, por mirar y no saludar ¿acaso es un delito regalar un poquito de sonrisa a un desconocido? en algún momento quizás sea conocido y te agradezca por haberle sonreído en ese día tan difícil que, al igual que mucha gente que camina hablando sola, vive hoy su día gris, y encima muy caluroso. Camino entre caras largas, personas momificadas que no contagian ninguna tipo de alegría en mi trayecto. Santa Mónica... y ahora Moneda con Ricardo Cumming, y el mismo motel de siempre. Estas calles, siempre tienen algo que me llaman la atención y me despiertan de la monótona rutina. Esta vez, me fijo que hay moteles y restaurantes, universidades y colegios en la misma avenida y con separación de pies. Que loco, uno aprende y tiene sexo en la misma calle, como antes, como siempre. Quizás por eso me gusta venir tanto a este lugar, es como una casa de mucha gente. Entrando a moneda, colegio de profesores... y una pared que habla y me dice "el amor y la libertad son los pilares de la vida, si uno se cae el otro te afirma". Me gustó mucho y me detengo a pensar la verdad de la pared. Cuando por fin prosigo ahora voy a ver a esa mujer de siempre, a su familia cansada de romperse el hombro trabajando, como siempre, y a su casa bonita y acogedora, la misma de siempre. Suena el timbre, siento los pasos de escalera, chilla la puerta de madera antigua mientras la veo. En este momento la vida deja de ser monótona, por que recibo una sonrisa y un abrazo fuerte, que aunque no estaba triste me dio animo y ganas de reír, me quito el aburrimiento, es como la magia que te contagia el dulce chocolate y me transformo como un caramelo wonka que cambia de color cada 10 segundos mientras lo chupeteas. Ahora si mi sonrisa puede ser llamada como tal, pero no dejo de pensar en como uno va comprendiendo el significado de la amistad.


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