martes, 16 de agosto de 2011

fábula incompleta de la zorra y el imbécil.

Y ahí está, una zorra enamorada del imbécil equivocado.

Pero ambos corren felices por el parque, y el amor los ciega, y no escuchan, ni sienten, ni huelen las maldiciones del entorno, y están allí, felices, escuchando solo el rumor de los árboles bailarines, que vomitan arco iris con colores creados por el viento, nunca antes vistos.
Todo era perfecto, pero nada lo es.
Llega la puta tormenta, aun más puta que nuestra feliz zorra. Nubla a los árboles, los cuales dejan de moverse y vomitar, nubla la vista, nubla los oídos, nubla la piel, nubla la nariz y nubla los corazones de nuestros queridos enamorados. Pero ahí están, enfrentando todo, saltando obstáculos y riéndose de la muerte en su cara. Eso es el amor, reírse de la muerte en su cara. Pero una piedra color violeta se presento en el camino del imbécil, y él, como su naturaleza lo dice, se quedó mirando a la piedra y su belleza. La zorra, que resulto ser un alma sensible con vida profana, deambuló entre los árboles secos dejando entrever su majestuosidad en su cuerpo, su habla, su superficialidad, que era lo único que importaba para que otros animales llegaran, y así no sentirse tan sola.

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